No soy fotógrafo profesional y me considero un simple aficionado y casi un obsesionado por el
arte de la fotografía.
En realidad mi profesión es la de abogado, así pues, nada que ver con la fotografía y mucho
menos con el arte.
Mi formación es básicamente autodidacta aunque también he realizado varios cursos y he
asistido a diversos seminarios, especialmente en materia de técnicas de iluminación de
estudio y procesos de laboratorio.
Esta afición y pasión por la fotografía debe tener algo genético pues represento a la tercera
generación de aficionados. Mi padre fue un gran experto y mi abuelo realizó
también interesantes fotografías con cámaras de placa de cristal. La verdad es que hacían
fotografías mucho mejores que las mias.
Recuerdo con especial ilusión la primera fotografía que revelé y positivé en cuarto oscuro,
fue realmente una sensación especial ver aparecer la toma en la cubeta del revelador. Incluso
ahora, en plena era digital, sigo realizando personalmente todo el proceso de revelado y positivado
en blanco y negro.